300 Haritz: la gastronomía vasca lleva sus raíces al Zinemaldia
Estos días Donostia vuelve a mirar al cine con la celebración del Zinemaldia, pero entre las historias que llegan a la gran pantalla hay una especialmente vinculada a nuestra tierra y a su gastronomía.
Se trata de 300 Haritz (300 robles), el documental dirigido por Aitor Aranguren Ordóñez que participa en Zinemira, la sección del Festival de San Sebastián dedicada al cine vasco. La película reúne en Arantzazu a 23 cocineros de Mahaia Kolektiboa y diferentes artistas para reflexionar sobre identidad, territorio y gastronomía vasca.
300 robles para hablar de nuestras raíces
El propio título parte de una imagen cargada de significado.
Hacían falta alrededor de 300 robles para construir los primeros caseríos. Cuando el bosque se agotó, la madera fue dando paso a la piedra. Una transformación que 300 Haritz utiliza para plantear una idea: para permanecer, una identidad también tiene que ser capaz de evolucionar.
A partir de ahí, el documental plantea una pregunta muy ligada al momento que vive la cocina vasca: ¿cómo avanzar sin perder el vínculo con el origen?
La respuesta se busca alrededor de la gastronomía, reuniendo cocina, producto, paisaje, cultura y territorio.
La gastronomía vasca, entre tradición y futuro
Hablar de gastronomía vasca no es hablar únicamente de recetas.
Es hablar del producto, de quienes lo producen y transforman, de los oficios que se han transmitido durante generaciones y de una manera determinada de relacionarnos con nuestro territorio.
Pero también es hablar de evolución.
La cocina vasca ha demostrado durante décadas que tradición e innovación no tienen por qué ser conceptos opuestos. Mantener las raíces no significa hacer siempre las cosas de la misma manera, sino entender de dónde venimos para decidir hacia dónde queremos avanzar.
Precisamente esa tensión entre origen y transformación está en el centro de 300 Haritz.
El producto como parte de nuestra identidad
Queso Idiazabal, txakoli, sidra, conservas del Cantábrico, carnes seleccionadas, productos de nuestros caseríos y elaboraciones transmitidas de generación en generación forman parte de un patrimonio gastronómico que va mucho más allá de la mesa.
Detrás de cada producto hay territorio, conocimiento y personas.
En SOKA compartimos esa forma de entender la gastronomía. Nuestra selección nace precisamente del origen, la trazabilidad, el conocimiento del producto y el respeto por los productores y los oficios que forman parte de nuestra cultura gastronómica.
Porque conservar una gastronomía no significa encerrarla en el pasado.
Significa conocer sus raíces, proteger aquello que la hace diferente y conseguir que siga viva en el presente.
Y estos días, mientras Donostia celebra el cine, 300 Haritz nos recuerda que la gastronomía vasca también puede ser una magnífica forma de contar quiénes somos.












